Son los cuervos con plumas de oro desgarrada
Los que cubren mi sombra;
Cuando soy el peregrino nefasto
Que arrastra los ojos y las manos.
Y los lirios carmesí se devoran entre ellos,
Cuando parece ser la alfombra infinita
De los patibularios que anteceden el silencio…
Si se pone atención
Escucharán el tambor hierático y fúnebre,
Que pareciera marcara el final del atisbo
Señalado por las carrozas de los cráneos ensalzados
Como vil muerte furtiva,
Se verán espaldas adormecidas
Ángeles lúbricos y salaces vistiendo la suntuosidad;
Mientras las arañas enredan sus estertores
Para asfixiar al bardo solitario.
Pero la tierra no se abre con el llanto del demonio,
Y destella en las mortajas más hediondas
El beso profundo que roba y tritura el alma,
La caricia terciopelo de serafines en barcas pequeñas;
Caerá a pedazos el cielo…
Musitan las camelias más tristes
Que descienden en las escaleras que se esconden,
Haber visto en la última mañana de seda lacerada
La azucena más venusta, tras la lágrima negra más helada… Florecer,
Cantar… Amar.

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