domingo, 6 de marzo de 2011

Danza sobre las horas

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Nunca pude entender cómo danzaba:
Bajo esa luna fría hiperbórea,
Tras el castillo de las bestias umbrías y aulladoras.

Parecía olvidar y guardar en la dársena más lejana
El sátiro eterno que nos cruza,
Tal helminto que legraba la seda del azur.

El zorzal más alto del alba
Pareciese quisiera charlar con ella
Y cortarle una luz densa del jardín.

Y como el oleaje que cae en el monte más límpido
Persistían sus pasos,
Rompiendo los relojes. Helando los segundos…

Como su rostro traslúcido del crepúsculo,
El musitar corpóreo colgado en una sonrisa
Mientras su voz jugaba con las enredaderas de plata

Siempre fulgurante tras la inmensidad.
No importaba el boato de las letras desparramadas
Ni el sabor de la selva opípara, siempre dispuesta.

Y sus huellas desquebrajan el día…
Buscando la voz que irrumpiría,
La ventisca del sentir prístino.

Nunca pude entender:
Sus ojos viendo tranquilos,
Su piel teñida de brisa marina,
Cuando cada mañana la veía sentada… Siempre:

Esperando…

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